La montaña palentina atesora una de las mayores concentraciones de construcciones románicas de toda Europa. Una de sus joyas es Santa Cecilia, que está en Vallespinoso de Aguilar, verdadera escuela de capiteles al aire libre cuya sombra se recorta sobre lo alto de un peñasco.
Las voces de piedra de Santa Cecilia
En un escarpado valle de la montaña de Palencia hay una iglesia. Pero no es una iglesia cualquiera. Está sobre un peñasco y el peñasco dibuja una entrada a través de piedras toscas labradas en el suelo. Y el suelo conduce a la portada. Y en la portada hay un impresionante conjunto de arquivoltas, un friso y capiteles, donde descansan leones alados, arpías con cola de serpiente tocadas con un gorro, observadas de cerca por dos personajes barbudos y misteriosos que sostienen una llave. ¿Será la llave que abre la puerta del templo? ¿Serán ellos los vigilantes de las tres Marías que permanecen junto al sepulcro vacío acompañadas por un ángel? Es el misterio del románico.
Este es sólo un aperitivo de lo que se puede encontrar el visitante que se acerca a la iglesia de Santa Cecilia de Vallespinoso (Palencia), una de las joyas del románico palentino más originales.

Edificada a principios del siglo XII, su estratégico enclave comunica la zona de la Ojeda con la comarca de Aguilar. Su trazado, de imaginación desbordante, luce una primorosa filigrana propia de la cultura árabe. Siempre ha sido considerada como una construcción de naturaleza religiosa y militar, como consecuencia de su torre con base cuadrada y un originalísimo cuerpo circular a la derecha del templo.
La pista sólo es la antesala del románico en la montaña de Palencia. Desde aquí, la sorpresa será la nota dominante de todo un recorrido que profundiza en una de las mayores concentraciones de este estilo en toda Europa. Moarves y Olmos de Ojeda, Perazancas de Ojeda, San Salvador de Cantamuda, Olleros de Pisuerga y Aguilar de Campóo son las principales localidades de esta cita con el románico.
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Palencia