Molinaseca es un alto en el Camino de Santiago y uno de los enclaves más importantes de la Ruta Jacobea. Sus calles de sabor medieval invitan a hacer una parada para recorrer su historia. Bajando desde el Monte Irago, tras pasar Foncebadón, esta ciudad, declarada conjunto histórico artístico en 1975, obliga a disfrutar de su pasado y de su vivo presente.

La ciudad de Molinaseca, centro de parada obligada para los miles de peregrinos que se dirigen a Santiago de Compostela y para los visitantes que se deciden a recorrer esta zona leonesa, es una ciudad viva que ha sabido conservar su historia. Durante la Edad Media la villa perteneció al señorío de Ramiro Froilaz, sobrino del Cid Campeador. El señorío posterior de la Molinaseca se repartió entre la Abadesa de Carrizo, el abad del Monasterio de Sandoval y el Obispo de Astorga.

La huella peregrina se observa en la propia entrada del pueblo donde se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de las Angustias, justo al lado de un entorno de fértiles huertas que cultivan los pobladores de Molinaseca.