Museo de León. Pieza de finales del siglo XII o principios del XIII de procedencia desconocida.

Desde el arte paleocristiano, las imágenes sirvieron como forma de expresión religiosa. El arte llamado "sacro" sirvió para la liturgia y en sus obras se reflejaron programas ideológicos y las mentalidades de la sociedad, aportando innumerables datos que han servido para el estudio de cultura, religión y pensamiento a lo largo de la historia.

Durante la Edad Media la Iglesia se convirtió en el principal generador de obras artísticas especialmente suntuosas, y, entre ellas, fue el primer cliente de los orfebres. El culto se nutría de lujosos objetos necesarios para la liturgia, como incensarios, navetas, custodias, cálices, copones… imprescindibles en templos parroquiales, conventuales o catedralicios.

Entre los elementos del ajuar litúrgico, la cruz procesional es uno de los más importantes, destinada a la exhibición pública, emblema de la parroquia a la que representa, abre los cortejos procesionales y ocupa un lugar preminente en el altar.

La cruz que presentamos, una de las más antiguas del museo, fue realizada con técnica bien conocida desde antiguo, pues los esmaltes sustituyeron frecuentemente piedras y metales preciosos para decorar estos objetos. A lo largo del Románico esta técnica experimentó una difusión exponencial, posiblemente debida al desarrollo de la técnica champlevé, que consiste en excavar huecos en el metal, después rellenados con el esmalte; en contra de la técnica tabicada o cloisonné. Los talleres especializados en esmaltería se difundieron a lo largo de la geografía hispana, pero la industrialización de los talleres de la ciudad francesa de Limoges supuso el declive de los obradores nacionales, imponiéndose en el mercado los lemosinos que abastecieron a gran parte de Europa.

La pieza que nos ocupa muestra una imagen de Cristo vivo, triunfante, con los ojos abiertos, sin expresión de dolor. Porta en la cabeza corona real, que sustituye la corona de espinas, y le convierte en Rey de reyes. Responde al tipo iconográfico que se impondrá en occidente: Jesús con cabello largo, barba y perizonium que cubre de la cadera a las rodillas.

Como es habitual en el Románico, Cristo aparece con las manos abiertas y los pies se fijan a la cruz por sendos clavos. La figura de san Pedro, que se ubica bajo la de Cristo, sirve de sustento a la Iglesia en un claro significado simbólico, o como referencia a la advocación del templo del que procediera. Pedro aparece con la clásica tonsura y portando las llaves del Cielo. La cruz ha perdido gran parte de los chatones cobijados en la lámina de cobre y algunos de los cuadrones esmaltados del reverso, conservándose exclusivamente la imagen de un personaje alado que podría identificarse con una de las figuras del Tetramorfos.

La pieza del mes constituye una oportunidad para conocer más detenidamente alguno de los bienes expuestos en el Museo, mediante una explicación detallada durante las visitas guiadas, que se desarrollan gratuitamente de martes a domingo, a las 12’30 h.

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Fechas

Del 1 septiembre al 30 septiembre de 2017

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Dirección

Museo de León - Plaza de Santo Domingo, 8. Municipio de León. 24002 León.