Museo de Valladolid. En 1942 el Estado compró el palacio de Fabio Nelli. La intención era instalar en él el Instituto Femenino de Enseñanza Media, pero pasado algún tiempo se comprobó que el edificio no reunía condiciones para ese fin. Se encontraba ruinoso en muchas zonas y parcialmente apuntalado. En los últimos tiempos había sido muy desfigurado por haberse utilizado como vivienda de vecinos y estar prácticamente abandonado. Apenas quedaban en su interior elementos de su antiguo esplendor: algún escudo en el patio, partes de techos decorados y un importante conjunto de azulejos que pertenecieron a sus estancias principales. En aquellas circunstancias, un antiguo director del Museo, Saturnino Rivera, trasladó los azulejos al antiguo Museo Arqueológico, entonces en el Colegio de Santa Cruz, y allí se conservaron hasta que definitivamente el Museo pasó a ocupar el palacio de Fabio Nelli, volviendo los azulejos a su lugar de origen.

Su pequeña historia se resume así: En 1586, Claudio Nelli concertó con el azulejero Hernando de Loaysa la fabricación de gran número de azulejos destinados a la casa que por entonces construía en Valladolid para su hermano, el banquero Fabio Nelli. Loaysa procedía de Talavera de la Reina (Toledo), de una gran familia de artistas alfareros. Había llegado a Valladolid de la mano de don Alvaro de Mendoza, obispo de Palencia desde 1577, quien le facilitó trabajar en toda la diócesis donde realizó importantes series de decoración para iglesias, conventos y casas nobles, series entre las que se encuentra la destinada a este palacio.

Los azulejos dotaron a la mansión de Fabio Nelli de una rica ornamentación que añadió a sus estancias principales un lenguaje iconográfico propio, con representaciones figuradas inspiradas en dos obras destacadas de la literatura humanista: la de Andrea Alciato, Emblematum Libellus, y Las Metamorfosis de Ovidio. A través de temas de la mitología clásica y de la emblemática, en los azulejos se desarrolla un programa que, más allá de la mera intención decorativa, responde a un lenguaje de imágenes en el que se hace patente el conocimiento del mundo antiguo y, sobre todo, el deseo de expresar ideas y enseñanzas a través de una iconografía simbólica al gusto renacentista

Entre los temas mitológicos desarrollados en los azulejos se encuentra este, en el que se narra el episodio de la terrible venganza de la diosa Diana sobre Acteón, famoso cazador tebano, hijo de Aristeo y Autónoe. Según el mito, caminaba Acteón con sus cincuenta perros por el valle de la Gargafia y llegando a la fuente Partenia sorprendió a Diana mientras tomaba su baño. La diosa, ofendida, quiso vengarse y le lanzó agua al rostro, convirtiéndole en ciervo, siendo así devorado por sus propios perros. La leyenda dice que después su espectro se aparecía y el oráculo aconsejó erigirle una estatua y rendirle culto

La emblemática recurre a esta iconografía para expresar lo necesario de prevenirse contra la Perfidia, que puede venir de quien menos se espera, al comparar a los perros con aquellos hombres que acaban destruyendo a quienes les sustentan, de forma que quienes se encauzan en los deleites y la buena vida, agotando sus haciendas, y tienen a su alrededor truhanes y hombres indignos, mueren, como Acteón, destrozados por sus propios perros.

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Del 29 abril al 31 mayo de 2020

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Dirección

Museo de Valladolid - Plaza de Fabio Nelli, s/n. Municipio de Valladolid. 47003 Valladolid.