El Valle de Laciana es uno de los rincones más especiales de la cordillera cantábrica. Fragmentado por el curso alto del río Sil y algunos de sus afluentes, es una sucesión de altas montañas y profundos valles en los que coexisten gran cantidad de biotipos que justifican plenamente su declaración de Reserva de la Biosfera de la UNESCO.

En este paisaje inalterado y tapizado por un mosaico de bosques de abedules, serbales, arces, tejos, acebos,

avellanos, fresnos y hayas, además de arandaneras y brañas de alta montaña con sus típicas cabañas de pastores, dos de las especies animales más emblemáticas del norte peninsular encuentran su hábitat. Aquí, la población de oso pardo es una de las más importantes de España, mientras que la del urogallo cantábrico es la más numerosa y representativa.