El río Duero, que desde su nacimiento va adoptando múltiples funciones, llega al oeste de las provincias de Zamora y Salamanca para convertirse en escultor y frontera con Portugal.

Durante miles de años ha ido tallando la roca granítica para esculpir cañones que alcanzan los doscientos metros de profundidad. Aliado con el suave clima atlántico, forman un ecosistema generoso y una biodiversidad desbordante en paisajes en terraza donde crecen olivos, naranjos o viñedos sobrevolados majestuosamente por buitres leonados y negros, águilas reales o cigüeñas negras.

Contemplar el río desde el Mirador del Fraile y admirar desde las alturas todo el esplendor del parque Natural es una experiencia imposible de olvidar. Proyectado en el aire sobre el cañón, ofrece una panorámica fabulosa de la presa de Aldeadávila justo debajo, de la orilla portuguesa y del ir y venir de cientos de buitres que pasan a escasos metros de la plataforma.