En el corazón de Medinaceli, nuestra posada se alza como un testigo vivo de la historia, conservando la arquitectura tradicional que caracteriza al Conjunto Histórico-Artístico de la villa. Rehabilitada en 2022, guarda la memoria de su pasado como antiguo telar, donde los vecinos traían sus madejas de lana y tiras de tela para crear mantas de retajas, que protegían colchones o acompañaban las labores del campo.
Entre sus muros, un aljibe árabe sobre base romana permanece en perfecto estado de conservación, un secreto del tiempo que nos conecta con siglos de historia. Sus valores arquitectónicos, históricos y etnográficos la han transformado en una posada real, un refugio donde tradición y memoria se entrelazan, invitando a vivir la esencia de Medinaceli.
Algunos de los elementos originales del telar fueron rescatados y hoy forman parte de la cuidada decoración de la posada: los llaveros, los carteles de las habitaciones y otros detalles rinden homenaje al antiguo telar, preservando su historia en cada rincón.
Actualmente, la posada se despliega en sótano, planta baja y dos pisos, ofreciendo seis acogedoras habitaciones 6 dobles y familiares, decoradas con exquisito mobiliario tradicional castellano. Cada estancia, equipada con baño propio con ducha, invita a descansar en un ambiente de serenidad y confort. Todas cuentan con ventanal o balcón, donde la luz y el silencio de Medinaceli envuelven al huésped, mientras que una exclusiva habitación con bañera de hidromasaje ofrece un refugio de calma absoluta, un remanso de bienestar en el corazón histórico de la villa.
En la planta baja se encuentran los espacios comunes: aseos, comedor y un salón de relax y juegos, con una cálida chimenea que invita a la conversación o a la lectura tranquila. Allí, entre el crepitar del fuego y la luz suave, se puede disfrutar de una cuidada selección de tés y cafés, mientras se respira la calma y el encanto de cada rincón.
En el sótano se encuentra una sala polivalente, diseñada para adaptarse a cualquier momento: celebrar reuniones de empresa, disfrutar de una película o compartir una partida de billar en un ambiente acogedor y tranquilo. Un espacio versátil donde la comodidad y la diversión se combinan en perfecta armonía.
En el exterior, los huéspedes pueden deleitarse con un jardín cuidado, donde la tranquilidad invita a la contemplación, y un impresionante porche de madera ofrece el lugar perfecto para disfrutar del aire libre, la luz del día y la serenidad del entorno histórico de Medinaceli.
En cuanto a gastronomía, la posada ofrece un cuidado servicio de desayunos, pensado para empezar el día con calma y energía. La villa dispone de varios restaurantes de cocina tradicional, situados a pocos metros de la posada, donde se puede saborear la riqueza culinaria de Medinaceli.
Ofrecemos a nuestros huéspedes mapas con rutas para recorrer la villa y descubrir sus rincones más encantadores, así como información sobre otras rutas del entorno. Además, la posada es selladora oficial del salvoconducto del Camino del Cid, invitando a viajeros y aventureros a seguir los pasos de la historia mientras disfrutan de una estancia acogedora y tranquila.
La ubicación de nuestra posada es, sin duda, una de sus grandes virtudes: enclavada en un entorno que respira sosiego y tranquilidad, y a la vez estratégicamente situada entre Navarra y Valencia, o Madrid y Barcelona. Un punto de descanso ideal que atrae cada vez a más viajeros de todos los rincones del mundo, seducidos por la historia, la cultura y el encanto que emanan de cada piedra de Medinaceli.
En la misma villa, las monjas clarisas elaboran artesanalmente sus dulces, un pequeño tesoro para deleite del viajero que busca saborear la tradición y el encanto de Medinaceli en cada bocado. Y muy cerca, en la colegiata, espera una obra de profunda devoción: el Cristo de Medinaceli, imagen que evoca el momento de la Pasión de Jesús y que forma parte del patrimonio espiritual de la villa, recordando siglos de fe y tradición.